Quien conoce a los demás es sensato.
Quien se conoce a si mismo es sabio.
Quien vence a otros es fuerte.
Quien se vence a si mismo es poderoso.
Quien consigue sus propósitos es voluntarioso.
Quien se contenta con lo que tiene es rico.
Quien no abandona su puesto es perseverante.
Quien no muere ni siquiera con la muerte posee la vida.
Lao Tse[1]
Seria pretencioso hacer en este espacio una recapitulación exhaustiva de las realidades, los temas, las organizaciones y sus dinámicas, las experiencias y sus sensibilidades y, en definitiva, los procesos que se han robustecido y algunos movilizados desde la Revuelta del 18 de octubre del 2019 a la fecha. Y una Revuelta que fue entre otras cosas un estallido emocional de los malestares que se han ido incubando de hace tiempo y que no tienen una correspondencia y un sustrato material en las condiciones de vida que permita darle continuidad a los cambios buscados. Una Revuelta que encendió una luz, pero una luz que pronto fue apagada por los diversos esfuerzos de la institucionalidad estatal. Una luz que se escondió en la múltiples trincheras temáticas que han atomizado e individualizado cada vez más el esfuerzo colectivo por volverse a unir y a encontrar. Una luz que se frustró.
Lo cierto entre otras cosas es que como tejido social vivimos un proceso sociocultural, un movimiento, que cada vez más y de la mano de nuevas estrategias, el olvido de la naturaleza y la pérdida del medioambiente entre otras, ha ido fragmentando nuestras sensibilidades y sentido de comunidad y de establecer relaciones de reciprocidad entre nosotrxs. En otras palabras, transformaciones que están amenazando y desvitalizando nuestra salud colectiva y que tienen un correlato en un abandono y una pérdida de conexión con los ritmos naturales y ciclos de la vida.
Y no se trata de satanizar o negativizar las transformaciones. De hecho, hay una cita de Haruki Murakami muy bella al respecto y que dice que vivimos gran parte de nuestras vidas buscando nuestro verdadero yo y a medida que lo vamos encontrando dejamos de ser nosotros mismos, dejando abierta la puerta a una continua transformación de nosotrxs mismxs en la vida. El hecho es que estas transformaciones están destruyendo literalmente nuestra salud, el medioambiente, nuestros espacios y las condiciones de bienestar, hasta incluso generando más condiciones de enfermedad o como se plantearía desde la medicina china tradicional desequilibrios energéticos.
Entre otras cosas y como un paréntesis que enfrío los esfuerzos por llevar a puerto estos cambios, pero venimos saliendo de una pandemia que nos encerró y privo de la posibilidad de encontrarnos y vivir nuestros espacios con algo de la libertad que aún nos queda.
Las múltiples transformaciones que estamos viviendo se entrecruzan también por el voraz ritmo de vida que nos consume y el que termina siendo una condición incompatible con un bienestar, y un ritmo de vida que ha ido privatizando nuestros espíritus y rompiendo mas aún nuestras colectividades y nuestras memorias que se encarnan en las relaciones y espacios que nos encuentran.
En este sentido y de la mano con las transformaciones que vivimos y la dificultad y frustración de darle sustancia, continuidad y materialidad a los cambios que exigimos, nos urge la posibilidad de generar condiciones y espacios que nos permitan encontrarnos como grupos para poder sentir y pensar condiciones de autocuidado y formas de refinar nuestra emocionalidad y manera de ser.
De esta manera y con este horizonte de por medio nos acompañó nuevamente el shifu Esteban Lara para entregarnos herramientas de la medicina china tradicional que nos permitieran generar una comprensión de lo que estamos viviendo y desde ahí pensar en nuestra manera de hacernos parte en estas realidades.
Con el shifu Esteban ya veníamos haciendo un trabajo después del plebiscito de septiembre del año pasado, con el horizonte de volver al cuerpo y darle forma a las sensibilidades que despertó y quedaron flotando frustradas luego del plebiscito. En esa ocasión fue impresionante como surgió la necesidad de generar estrategias y trabajos que recogieran nuestros cuerpos como posibilidad de aterrizar y en ese acto darle coherencia, comprensión y continuidad a nuestras sensibilidades en nuestros cuerpos, a la angustia que existía, a la frustración que hay y que muchas veces y alimentada por los ritmos de vida y la imposibilidad de dar respuesta a los cambios termina en violencia.
En enero pasado el shifu volvió a hacer un taller esta vez para entregar herramientas y volvió a aparecer el cuerpo y la urgencia por volver a él en un contexto en el que cada vez se opacan y acotan mas nuestros sentidos y espacios de encuentro, fundamental en un país limítrofe que necesita establecer límites a partir de los recursos que tiene y desde ahí reparar en su memoria y salud mental. El cuerpo y el encuentro como posibilidad de darle cuerpo a las transformaciones que estamos viviendo, atender y reparar en nuestra salud y tomar posición en estas realidades.
En este escenario y ante la reiterada aparición de desequilibrios energéticos y manifestaciones corporales, resulta imprescindible recoger elementos tanto de la educación popular como de la medicina china tradicional y el trabajo comunitario, que nos permitan encontrarnos en común unión, recoger la olvidada comunidad y pensar juntos estas sensibilidades como para darle forma y cuerpo a los cambios que vivimos.
Volver al cuerpo
Tejer la memoria
Armar los puzles de la poderosa
Perseverar las ideas en la paciencia
Seguir al tiempo
Soplar las nubes
Recoger las hojas otoñales de los bosques caidos
Refrescar la creatividad en lo nuevo
Y parir al sufrimiento con sus brotes de esperanza
Volver al cuerpo como de regreso al hogar
A hacer la comida que alimente al espíritu
Y alegrar la tristeza hasta que llore sonrisa
Para seguir caminando al amar
Y a la vida que nos encuentra.
Juan Pablo Morales Flores
[1] Medicina China Tradicional, Budris F. 2004

